Abrázame amor, que tengo frío,
que tus manos aún lejanas
no evitan que de mi cuerpo te hayas ido.
Consuélame amor, que ya te has ido,
y el recuerdo no te suelta, no te deja;
eres el tiempo que mi corazón tiene perdido.
Aparece amor, otra vez, que te has perdido,
entre las nubes de mi mente y su tragedia,
al saberte que otros brazos te han tenido.
Pero despídete así pues, amor mío,
pues al irte ya has dejado un gran vacío.
Mátame pues, de esa manera amor mío,
ya que el tiempo no regresa y no deja de hacer frío.
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